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Epoca yin. HABANA G DE DICIEMBRE DE 1874. Numero 14. ?ERI0D,Co se publica LOS DOMINGOS. v* »“‘‘»o» y Aiaialstracioo SOL, NUMERO 58. A DONDE 8R DIRIGIRAN Las común i oa cío« es reclamaciones. EL MOHO MU. PERIODICO DE LITERATURA, ARTES Y OTROS INGREDIENTES DIRIGIDO POR J. M. VILLERGAS/ CARICATURISTA: LANDAUUZE. AÑO QUINCE. Una campana politica. XI, Inexplicables son la pena y el disgusto con que yo veía competir en el ridículo y en el desacierto á los partidos de la revolución, es decir, á los hombres que mandaban y á los que aspiraban al mando en la época á que me estoy refiriendo; y no eran medios muy adecuados para complacer á quien ha tomado la política en serio las dos novedades con que se solemnizó la fiesta nacional del 2* de Mayo, nueve dias después de los graves sucesos de que en el capítulo anterior he dado cuenta. Fué la primera de dichas novedades la manera que tuvo de tomar posesión de su destino de Secretario General del Ministerio de la Guerra, D. Fernando Pierrard, persona apreciabilísima con cuya amistad mo honro, pero que no ha brillado por su tacto político cuando mas falta hacían la circunspección y la prudencia. Consistió esa novedad en dejar dicho señor cesantes de un solo golpe á todos los empleados del Ministerrio de la Guerra, y reemplazarlos con oficiales que, por mas inteligencia y méritos que tuviesen, carecían de la graduación que necesitaban tener para ocupar los altos puestos que se les conferian, y excusado será decir que tampoco poseían la experiencia que . tan indis-pentable es para el despacho de los negocios, falta que puede remediarse cuando se modifica parcialmente el personal de una oficina; pero no cuando se hace un cambio total, que priva á los nuevos empleados del auxilio de aquellos que pudieran guiarlos é instruirlos. Tenia, pues, la medida el inconveniente de llevar la paralización y*el trastorno á todos los negociados, mas el de barajar las gerarquias militares de tal modo, que había comandantes que, como empleados del Ministerio, tenían puestos superiores á los coroneles, y si mal meditada estaba por estas razones la medida, no debia el general creer que realizaba con ella un grande acto político, pues, al contrario, lo que conseguía era hacer de una plumada tantos enemigos de la república cuantos eran los funcionarios á quienes dejaba cesantes. Pero la novedad que llamó mas poderosamente mi atención y que hasta por lo disparatada y absurda llegó á ser divertida el dia 2 de Mayo do 1873, fué el ver desembocar por diferentes puntos en el Prado los batallones de Voluntarios de la .República, que marcialmente caminaban al son de la Marsellesa, es decir, del mismo himno que en 1808 tocaban las bandas de los regimientos franceses, cuando los implacables soldados de Murat fusilaban á los noblés hijos de Madrid. á quienes todos los años se consagra la función conmemorativa. —Vea Vd., le decía yo á un amigo que mo acompañaba, si en esto instante pudieran recobrar la existencia los héroes cuyas cenizas descansan debajo de ese fúnebre monumento, creerían que continuaba la hecatombe, ó que se trataba de volver á fusilarlos. En efecto, la Marsellesa es una composición inmortal por su letra y por su música; pero ¿por qué habían de aceptarla nunca los españoles como himno patriótico, y menos en la fiesta cívica del 2 de Mayo? Tal cúmulo de extravagancias me inspiraba el deseo de perderlas de vista cuanto antes, y asi supe con satisfacción por aquellos dias que en el Consejo de Ministros se había acordado el nombramiento del diputado por Alcañices para Ministro Plenipotenciario de España en Rio Janeiro. Pero el dia 4 de Mayo llegó á Madrid una comisión del distrito de Alcañices, que llevaba el .objeto de favorecer á dicho diputado, rogándole que presentase su candidatura para representar al citado distrito en las Cortes Constituyentes, en la inteligencia, decía la expresada comisión, que de todas maneras estaban dispuestos á votar por él los electores que le habían honrado antes con sus sufragios, y esto creaba un compromiso grande á quien siempre ha sabido ser agradecido. ¿Qué motivos habia para que el diputado por Alcañices recibiese aquella prueba de afecto de sus comitentes? Voy á decirlo sin rebozo, porque virtudes hay de que puede vanagloriarse el hombre más modesto. Las provincias de Castilla la Vieja son de las mas interesadas en la conservación de nuestras posesiones ultramarinas, no solo porque de eso depende la prosperidad de su agricultura, sino porque allí resplandece aun en toda su pureza el viejo patriotismo, y así fué que, cuando el diputado por Alcañices cumplió con su deber, defendiendo en las Cortes la integridad del territorio y vindicando al elemento español de Cuba, objetos contra los cuales disparaban á la sazón constantes y emponzoñados tiros cuantos hombres querían hacerse populares, recibió calurosas felicitaciones de toda la provincia de Zamora, 6in distinción de opiniones, pues lo mismo hicieron los alfonsinos y los carlistas que los diversos matices revolucionarios, alegrándose todos de que fuera un representante do la provincia el que habia proclamado lo que demandaban Injusticia y la conveniencia, y diciéndosele en muchas cartas que para él no habría partidos en adelanto. No era, pues, el talento, no eran las dotes parlamentarias lo que premiaban los electores de Alcañices; sino el patriotismo, que digno era sin duda de algún agasajo en aquellas circunstancias. Sin embargo, tenían también otra razón los electores do Alcañices para favorecer con una nueva distinción al diputado que acababa de representarles, y era la de haberse presentado tales y tantas candidaturas, que sólo el referido diputado podía llevar la armonía á los ánimos, idea con la cual habia manifestado estar conforme el candidato que contaba hasta entonces con más probabilidades de triunfo. El director de este periódico expuso á la.
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Title | Page 1 |
Object ID | chc9998000206 |
Digital ID | chc99980002060001001 |
Full Text | Epoca yin. HABANA G DE DICIEMBRE DE 1874. Numero 14. ?ERI0D,Co se publica LOS DOMINGOS. v* »“‘‘»o» y Aiaialstracioo SOL, NUMERO 58. A DONDE 8R DIRIGIRAN Las común i oa cío« es reclamaciones. EL MOHO MU. PERIODICO DE LITERATURA, ARTES Y OTROS INGREDIENTES DIRIGIDO POR J. M. VILLERGAS/ CARICATURISTA: LANDAUUZE. AÑO QUINCE. Una campana politica. XI, Inexplicables son la pena y el disgusto con que yo veía competir en el ridículo y en el desacierto á los partidos de la revolución, es decir, á los hombres que mandaban y á los que aspiraban al mando en la época á que me estoy refiriendo; y no eran medios muy adecuados para complacer á quien ha tomado la política en serio las dos novedades con que se solemnizó la fiesta nacional del 2* de Mayo, nueve dias después de los graves sucesos de que en el capítulo anterior he dado cuenta. Fué la primera de dichas novedades la manera que tuvo de tomar posesión de su destino de Secretario General del Ministerio de la Guerra, D. Fernando Pierrard, persona apreciabilísima con cuya amistad mo honro, pero que no ha brillado por su tacto político cuando mas falta hacían la circunspección y la prudencia. Consistió esa novedad en dejar dicho señor cesantes de un solo golpe á todos los empleados del Ministerrio de la Guerra, y reemplazarlos con oficiales que, por mas inteligencia y méritos que tuviesen, carecían de la graduación que necesitaban tener para ocupar los altos puestos que se les conferian, y excusado será decir que tampoco poseían la experiencia que . tan indis-pentable es para el despacho de los negocios, falta que puede remediarse cuando se modifica parcialmente el personal de una oficina; pero no cuando se hace un cambio total, que priva á los nuevos empleados del auxilio de aquellos que pudieran guiarlos é instruirlos. Tenia, pues, la medida el inconveniente de llevar la paralización y*el trastorno á todos los negociados, mas el de barajar las gerarquias militares de tal modo, que había comandantes que, como empleados del Ministerio, tenían puestos superiores á los coroneles, y si mal meditada estaba por estas razones la medida, no debia el general creer que realizaba con ella un grande acto político, pues, al contrario, lo que conseguía era hacer de una plumada tantos enemigos de la república cuantos eran los funcionarios á quienes dejaba cesantes. Pero la novedad que llamó mas poderosamente mi atención y que hasta por lo disparatada y absurda llegó á ser divertida el dia 2 de Mayo do 1873, fué el ver desembocar por diferentes puntos en el Prado los batallones de Voluntarios de la .República, que marcialmente caminaban al son de la Marsellesa, es decir, del mismo himno que en 1808 tocaban las bandas de los regimientos franceses, cuando los implacables soldados de Murat fusilaban á los noblés hijos de Madrid. á quienes todos los años se consagra la función conmemorativa. —Vea Vd., le decía yo á un amigo que mo acompañaba, si en esto instante pudieran recobrar la existencia los héroes cuyas cenizas descansan debajo de ese fúnebre monumento, creerían que continuaba la hecatombe, ó que se trataba de volver á fusilarlos. En efecto, la Marsellesa es una composición inmortal por su letra y por su música; pero ¿por qué habían de aceptarla nunca los españoles como himno patriótico, y menos en la fiesta cívica del 2 de Mayo? Tal cúmulo de extravagancias me inspiraba el deseo de perderlas de vista cuanto antes, y asi supe con satisfacción por aquellos dias que en el Consejo de Ministros se había acordado el nombramiento del diputado por Alcañices para Ministro Plenipotenciario de España en Rio Janeiro. Pero el dia 4 de Mayo llegó á Madrid una comisión del distrito de Alcañices, que llevaba el .objeto de favorecer á dicho diputado, rogándole que presentase su candidatura para representar al citado distrito en las Cortes Constituyentes, en la inteligencia, decía la expresada comisión, que de todas maneras estaban dispuestos á votar por él los electores que le habían honrado antes con sus sufragios, y esto creaba un compromiso grande á quien siempre ha sabido ser agradecido. ¿Qué motivos habia para que el diputado por Alcañices recibiese aquella prueba de afecto de sus comitentes? Voy á decirlo sin rebozo, porque virtudes hay de que puede vanagloriarse el hombre más modesto. Las provincias de Castilla la Vieja son de las mas interesadas en la conservación de nuestras posesiones ultramarinas, no solo porque de eso depende la prosperidad de su agricultura, sino porque allí resplandece aun en toda su pureza el viejo patriotismo, y así fué que, cuando el diputado por Alcañices cumplió con su deber, defendiendo en las Cortes la integridad del territorio y vindicando al elemento español de Cuba, objetos contra los cuales disparaban á la sazón constantes y emponzoñados tiros cuantos hombres querían hacerse populares, recibió calurosas felicitaciones de toda la provincia de Zamora, 6in distinción de opiniones, pues lo mismo hicieron los alfonsinos y los carlistas que los diversos matices revolucionarios, alegrándose todos de que fuera un representante do la provincia el que habia proclamado lo que demandaban Injusticia y la conveniencia, y diciéndosele en muchas cartas que para él no habría partidos en adelanto. No era, pues, el talento, no eran las dotes parlamentarias lo que premiaban los electores de Alcañices; sino el patriotismo, que digno era sin duda de algún agasajo en aquellas circunstancias. Sin embargo, tenían también otra razón los electores do Alcañices para favorecer con una nueva distinción al diputado que acababa de representarles, y era la de haberse presentado tales y tantas candidaturas, que sólo el referido diputado podía llevar la armonía á los ánimos, idea con la cual habia manifestado estar conforme el candidato que contaba hasta entonces con más probabilidades de triunfo. El director de este periódico expuso á la. |
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